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Hoy os escribo para responder a pacientes que me preguntan sobre piercings y problemas dentales. Son muchos los que preguntan si pueden ponérselos, y si no les causarán problemas. Pues sí, sí que pueden causar problemas.

Por una parte tenemos los piercings en la lengua, donde es muy importante la precisión de la colocación (si lo ponen mal pueden haber problemas serios de sangrado interno), están en una zona que debe ser limpiada con cuidado, y donde se pueden crear áreas de retención de alimentos y bacterias productoras de mal sabor y olor.

Por otra parte existen los piercings externos: la mayoría de piercings en labios y zonas periorales tienen un retenedor interno con forma de lenteja, planos, circulares, en metal o composite. Parece que no tienen rozamiento sobre los dientes, y normalmente no lo tienen, ¡¡Pero SÍ lo tienen sobre el borde de la encía!!

He visto muchos casos de pacientes jóvenes con dientes alineados, postortodoncia, blanqueados, ideales, y con recesiones producidas por hablar, comer, beber, con una pequeña lentejita rozando el borde de un diente anterior inferior. Esas recesiones, NO se recuperan al quitar el piercing.

El tratamiento de una recesión gingival pasa por una cirugía mucogingival, que necesita de injerto de tejido conectivo la mayoría de las veces, y que ni para el paciente, ni para el dentista que cuidó de ese paciente durante sus años de crecimiento, tiene ninguna gracia.

Mi recomendación es que se eviten en lo posible, la superficie del cuerpo humano es muy extensa, y se pueden colocar en otras partes que no conlleven daños o infecciones, y estéticamente sean más vistosos.

 

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