Una pregunta habitual en consulta es por qué los implantes dentales se colocan normalmente en personas adultas y no en pacientes jóvenes que todavía están en crecimiento.
La respuesta tiene que ver con la biología, con el desarrollo de los huesos maxilares y también con una idea importante: un implante dental no es un diente natural. Es una solución muy útil, segura y eficaz cuando está bien indicada, pero no deja de ser una prótesis integrada en el hueso.
Los dientes naturales, si se cuidan bien y se revisan de forma periódica, pueden durar toda la vida. Los implantes también durar muchos años pero eso no significa que sean para toda la vida, además necesitan mantenimiento, controles y unas condiciones adecuadas para funcionar correctamente.
A continuación presentamos una serie de razones por las que los implantes dentales no deberían ser la primera opción para pacientes jóvenes, conoceremos su duración, sus pros y sus contras, y finalmente después conoceremos un caso real y veremos alternativas a los implantes.



1: Un implante no crece con el paciente
En niños y adolescentes, los huesos de la cara y de la boca todavía están en desarrollo. Los dientes naturales acompañan ese crecimiento, pero un implante dental no se comporta igual.
Una vez colocado en el hueso, el implante queda fijo. Por eso, si se coloca demasiado pronto, mientras el maxilar o la mandíbula siguen creciendo, con el tiempo puede quedar desalineado respecto al resto de dientes o provocar problemas estéticos y funcionales. Por este motivo, la edad cronológica no siempre es suficiente: hay que valorar si el crecimiento óseo ha finalizado.
«Ningún implante dental es para toda la vida, eso es un imposible, ninguna prótesis en el cuerpo humano, ninguna, se mantiene para siempre porque no es biológicamente nuestra.»
Dr. Andrés Llobell
2: Los implantes tienen historia, pero también límites
Los implantes dentales comenzaron a utilizarse de forma más extendida hace décadas, especialmente en pacientes que habían perdido todos sus dientes y llevaban dentaduras completas. En esos casos, el entorno oral era distinto: no había dientes naturales alrededor y, por tanto, el implante convivía con menos factores de riesgo relacionados con dientes vecinos.
Con los años, los implantes empezaron a utilizarse también para sustituir dientes unitarios, es decir, para reponer una sola pieza perdida. Esto supuso un gran avance, pero también un escenario más complejo: el implante convive con dientes naturales, encías, bacterias, fuerzas de mordida y posibles problemas periodontales.
Por eso, cada caso debe estudiarse bien antes de decidir si un implante es la mejor opción.
«Los implantes dentales los empezamos a poner hace muchos años, hablamos de 1985 en adelante, primero en personas edéntulas (personas con dentaduras) donde no encontramos bacterias muy agresivas, y colocábamos prótesis sin mucha carga sobre estos implantes. Son las estadísticas mas longevas, sin duda. «
Dr. Andrés Llobell
3: Un implante dental no es para toda la vida
Los implantes no son para toda la vida Aunque los implantes actuales tienen tasas de supervivencia altas a largo plazo, no durarán para siempre; algunas revisiones sitúan la supervivencia a 10 años en torno al 93-96%, según los estudios y el tipo de análisis.
Aunque algunos implantes pueden durar algo más y hay casos de pacientes que los aguantan por décadas, su evolución y supervivencia depende de numerosos factores: la higiene, la calidad del hueso, la encía, la salud general del paciente, el tabaco, la presencia de enfermedad periodontal, el bruxismo, las revisiones y el mantenimiento profesional.
«A partir de 1990 aproximadamente, empezamos a realizar implantes unitarios, y a partir de 1995 implantes inmediatos, extrapolando tratamientos para personas que tenían dificultades masticando con sus dentaduras.
En general las personas que conservan sus propios dientes junto a un implante, al estar expuestos a bacterias mas agresivas, bacterias que se encuentran en los dientes adyacentes al implante, en general experimentan menor duración .
Hay factores importantes que hacen que los implantes duren menos: Cuando el paciente también tiene problemas periodontales, cuando el paciente tiene pocos dientes o cuando el paciente pierde dientes por fracturas al apretar.
Dr. Andrés Llobell
4: Los implantes pueden perder hueso
Alrededor de un implante puede producirse pérdida ósea con el paso del tiempo, especialmente si aparece inflamación, mala higiene, sobrecarga o enfermedad periimplantaria.
La periimplantitis es una inflamación que afecta a los tejidos que rodean el implante y puede provocar pérdida de hueso. Entre los factores de riesgo más conocidos están una higiene insuficiente, el tabaco, antecedentes de periodontitis, diabetes mal controlada y falta de mantenimiento periódico.
Por eso insistimos tanto en las revisiones. Un implante no duele como un diente natural y, muchas veces, los problemas iniciales pasan desapercibidos para el paciente.
«¿Los implantes pierden hueso? Sí, y es inherente a ellos, incluso en el mejor de los casos, con los años vemos que se pierde nivel, eso afecta también a los dientes adyacentes, y es la razón por la que su elección debe ser en adultos.»
Dr. Andrés Llobell
5: Hay que conservar los dientes siempre que sea posible
Hoy sabemos que, cuando un diente natural tiene buen pronóstico, lo ideal es intentar conservarlo. Los dientes son estructuras biológicas propias, con ligamento periodontal, sensibilidad y adaptación natural a la boca.
Esto no significa evitar los implantes cuando hacen falta. Significa usarlos cuando realmente son la mejor alternativa.
En muchos casos, antes de extraer una pieza y colocar un implante, valoramos si ese diente puede mantenerse mediante tratamiento periodontal, restaurador, endodoncia o prótesis fija. Si la opción conservadora es viable y tiene buen pronóstico, suele merecer la pena.
«Desde punto de vista profesional considero que se deben usar los dientes como pilares de prótesis fija mientras se pueda, y pensar en la opción de prótesis implantosoportada cuando la primera opción no sea viable.
Dr. Andrés Llobell



Cuándo se recomienda un implante
Pensamos en implantes cuando un diente ya no se puede conservar, cuando falta una pieza, cuando una prótesis convencional no es viable o cuando necesitamos recuperar función, estética y estabilidad de forma segura.
También los indicamos en pacientes adultos que han perdido varias piezas y necesitan una rehabilitación más completa.
La clave está en no precipitarse. Un implante debe colocarse en el momento adecuado, con una buena planificación y con una visión a largo plazo.
Los implantes dentales son una solución excelente cuando están bien indicados. Pero también es cierto que valoramos mucho los dientes naturales. Por eso, antes de llegar al implante, conviene hacer todo lo posible para mantener la boca sana: buena higiene en casa, revisiones periódicas, control de encías y detección temprana de cualquier problema.
En Clínica Llobell recomendamos revisiones regulares para valorar dientes, encías, hueso e implantes, y así evitar sorpresas. La prevención sigue siendo siempre el mejor tratamiento.
«Hay una corriente de trabajo que usa implantes mas cortos, para en el futuro tener hueso suficiente para una segunda fase de nuevos implantes.
Dr. Andrés Llobell
Conclusión: Los Implantes dentales deben ser una buena solución, no una decisión automática
Los implantes dentales han cambiado la odontología y permiten recuperar dientes perdidos con muy buenos resultados. Pero no son una solución que deba aplicarse sin valorar el contexto.
Se colocan en adultos porque necesitamos que el crecimiento óseo haya finalizado y porque, normalmente, son una alternativa cuando ya no podemos conservar un diente natural.
Cada paciente, cada boca y cada historia clínica son diferentes. Por eso, antes de decidir, lo más importante es estudiar bien el caso y resolver todas las dudas en consulta.
Caso real de paciente joven con varias piezas perdidas ¿Implantes sí o no?
Para entender mejor esta forma de trabajar, podemos hablar de un caso real, aunque usaremos solo una inicial para preservar la privacidad del paciente. Lo llamaremos B
B. llegó a Clínica Llobell con apenas 30 años. Este dato es muy importante porque estamos hablando de un paciente joven, con muchas décadas por delante y con decisiones odontológicas que podían condicionar toda su vida.
Le faltaban varias piezas dentales y otras piezas se encontraban en muy mal estado y necesitaban ser extraídas. Había consultado previamente en otros centros y venía con la idea de que su caso solo podía resolverse mediante una rehabilitación muy amplia con implantes, porque eso era lo que le habían planteado: extraer varias piezas, regenerar hueso, colocar varios implantes y rehabilitar después con coronas sobre implantes.

En uno de los presupuestos externos se contemplaba un tratamiento muy centrado en la implantología, con extracciones, regeneración ósea, cirugía guiada, coronas sobre implantes y hasta seis implantes dentales, con un coste total muy elevado.
En otra valoración, además, se le había planteado realizar ortodoncia antes de la fase implantológica. Esto suponía alargar el tratamiento, aumentar el coste y someter al paciente a un proceso más complejo antes de llegar siquiera a la rehabilitación final.
Pero en un paciente de 30 años la pregunta no puede ser únicamente: “¿cuántos implantes faltan?”. La pregunta debe ser mucho más amplia: ¿qué dientes podemos conservar, qué estructuras siguen siendo útiles y cómo podemos planificar una boca que tenga futuro?
Esa diferencia cambia por completo el enfoque.
En la boca de B. no todo estaba perdido. Había zonas edéntulas, piezas ausentes y dientes comprometidos, pero también había dientes que podían seguir teniendo una función útil si se planificaba bien la rehabilitación. Por eso, en lugar de plantear una solución basada casi exclusivamente en implantes, en Clínica Llobell se valoró una alternativa más conservadora: restaurar distintas zonas mediante prótesis fija de porcelana, aprovechando dientes naturales como pilares siempre que fuera posible.
El plan propuesto contemplaba varias restauraciones fijas: una prótesis de tres piezas en la zona superior izquierda, una prótesis de cuatro piezas en la zona inferior izquierda y otra de tres piezas en la zona inferior derecha. Para la zona superior derecha se plantearon dos posibilidades: una opción con dos implantes y tres coronas, o una opción mediante prótesis fija de porcelana de seis piezas, según la valoración final del soporte disponible.
Es decir, el caso no se resolvía desde la idea de “sustituir cada diente perdido por un implante”, sino desde una visión global de la boca. A veces, un puente bien planificado puede resolver una ausencia dental sin necesidad de colocar implantes en cada espacio. Y eso, cuando está bien indicado, permite conservar más estructura, simplificar el tratamiento y dejar más opciones abiertas para el futuro.
Lo verdaderamente importante era evitar una implantología excesiva en una persona muy joven. Porque colocar muchos implantes a los 30 años no es lo mismo que colocarlos a los 70. A los 30, esos implantes tendrán que convivir durante décadas con cambios en el hueso, encías, fuerzas de mordida, higiene, desgaste y posibles tratamientos futuros.
Un implante es una herramienta magnífica cuando hace falta, pero no es un diente. No tiene ligamento periodontal, no se comporta igual que una pieza natural y, con el paso del tiempo, puede condicionar el hueso disponible y las opciones de tratamiento posteriores.
Por eso, si podemos mantener dientes naturales con buen pronóstico y utilizarlos de forma segura, muchas veces esa será la opción más prudente. No porque los implantes sean malos, sino porque deben reservarse para cuando realmente aportan valor.
Este caso resume muy bien nuestra filosofía: no se trata de poner menos implantes por sistema, ni de poner más por rutina. Se trata de poner los necesarios, en el momento adecuado y pensando en el futuro del paciente.
En Clínica Llobell creemos que una buena rehabilitación no es siempre la más compleja, sino la más sensata para cada caso. Y, en el caso de B., la mejor solución no era empezar por una boca llena de implantes, sino conservar, planificar y rehabilitar con criterio.

